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El 25% de las emisiones de CO2 vienen del sector industrial El 25% de las emisiones de CO2 vienen del sector industrial

Cambio Climático e Industria: Los consumidores exigen empresas sostenibles

| 23rd Agosto 2017 |

Parece que últimamente, las tendencias en comunicación en el sector de la eficiencia energética apuntan a obviar la problemática del Cambio Climático en su discurso. Según las recomendaciones de esta postura, en realidad, todos los argumentos sobre medio ambiente anudados habitualmente al discurso de las ventajas de la eficiencia energética son tirando a estériles a los oídos del empresario pragmático. Porque seamos sinceros:  lo que le interesa a una empresa son las ventajas económicas que entraña ahorrar energía. Y punto.

¿Y punto? No es tan evidente. Primero, porque reducir una empresa a la consideración de una máquina de hacer dinero, es, aunque tentador, primeramente, bastante cliché y, segundo y más importante, poco realista. Los empresarios, por supuesto, y como es natural, quieren ganar dinero. Pero pintarlos como robots desprovistos de humanidad y de compromiso es también exagerar. Detrás de las corporaciones hay personas de carne y hueso a las que también les preocupa el mundo, las relaciones humanas y el futuro de ellos y de sus hijos.  

Y una cuestión tan urgente y de tal inminencia como es el Cambio Climático no va a ser, ni mucho menos, una excepción.

Pero, a parte de esta tendencia dudosa en el marketing B2B a desproveer de cualquier atisbo de humanidad a las corporaciones, esta recomendación también falla al aceptar tácitamente la premisa de que el cambio climático es inocuo en el impacto financiero de una empresa. Es erróneo: SÍ que afecta, y mucho más de lo que se piensa.

Primeramente, porque la legislación europea está apretando cada vez más a los países comunitarios para que cumplan con los objetivos de Europa de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Esto se está haciendo visible en España a través de la aprobación de algunas leyes, como el conocido Real Decreto 56/2016, que obligó a muchas medianas y grandes empresas a realizar auditorías energéticas; o como el último proyecto de ley de cambio Climático en Cataluña, que prevé impuestos a las industrias contaminantes, sancionándolas por el número de toneladas de emisiones de C02 que emitan. Y esto no es más que el principio. Todo el aparato legal a implantar para conseguir los objetivos de Europa está aún por llegar, y, como explicamos en otro artículo, las empresas que no aprovechen esta oportunidad y se apunten a la transición energética demasiado tarde, lo pagarán caro.

Pero a las razones tributarias por las que el Cambio Climático afecta a las arcas de las empresas, se suma la realidad de un nuevo escenario del consumo en donde las hileras de los supermercados rebosan de productos veganos, ecológicos y sin gluten. ¿Capricho y moda temporal de unos pocos muchachos modernos? Quizás es hora de aceptar que lo ecológico no es una fantasía peregrina de nuestros millenials, sino un síntoma de una tendencia más importante que está dando paso a un cambio estructural en el modelo de consumo. Abramos los ojos:  el nuevo consumidor tiene nuevas prioridades, y una de ellas es la sostenibilidad (y tiene razón).

Los datos los corroboran:

Un estudio internacional de Unilever de enero arrojaba que un tercio de los consumidores prefieren las marcas sostenibles y que eligen sus marcas en función del impacto que sus políticas corporativas tienen en el Medio Ambiente o en sus políticas sociales.

En el Informe Global sobre sostenibilidad corporativa de 2015 de Nielson se indicaba que el 66% de los consumidores estaban más dispuestos a pagar más por un producto si provenía de una marca sostenible. Y este porcentaje aumenta en los millenials hasta un 73%.

Forbes, la prestigiosa publicación de finanzas conocida por sacar las listas de las personas más ricas del mundo, asegura que los Millenials, aunque malgastan más el dinero que las generaciones anteriores, prefieren las marcas con mensajes sociales, las industrias sostenibles y con standards de negocio ético.

Que 33 de los 35 grupos del Ibex 35 incluyan apartados de sostenibilidad en sus estrategias empresariales, es simbólico de esta urgencia que tienen las empresas actualmente de dar a los consumidores lo que les están exigiendo: responsabilidad. Y es que en España esta tendencia se repite: dos de cada tres españoles no consumirían en empresas no respetuosas con el medio ambiente.

Porque en lo que se refiere a sostenibilidad, la lucha contra el cambio climático debería ser número 1 en nuestra hoja de ruta. Y no sólo porque, en efecto, el cambio climático es muy real y, lo que es peor, inminente. Si a estos datos se le añade que la principal preocupación a escala mundial es el Cambio Climático, por delante incluso del terrorismo de Isis, las directrices a tomar están claras. La implantación de proyectos de eficiencia energética y de transición energética son imprescindibles en las políticas sostenibles de todas las empresas.

Porque los consumidores lo exigen. Y porque son las herramientas principales que poseemos para combatir activamente el Cambio Climático.  

Recordemos que las emisiones de CO2, según la página de la Comisión Europea, representan el 63% del calentamiento global causado por el hombre. Y no nos engañemos, los consumidores relacionan inevitablemente las emisiones con la industria. Y no se equivocan. La industria incide en un 25% en el consumo energético global, y si tenemos en cuenta que por cada 2160 KW de energía eléctrica consumida se emite una tonelada de CO2 a la atmósfera, las cifras son cuanto menos, preocupantes.

La buena noticia es que, aunque las sanciones a las empresas contaminantes estarán cada vez más a la orden del día, también las ayudas a la financiación de la eficiencia energética se van multiplicando, tanto a nivel nacional como autonómico (aquí puedes echarle un vistazo a las actuales ayudas del IDAE). Las instituciones, al tener que facilitar la transición energética para llegar a sus objetivos europeos, están creando un marco muy favorable para que las corporaciones puedan dar el paso. Por eso es importante concienciar a las empresas de que el cumplimiento de la ley no debería saldarse únicamente con la auditoría energética reglamentaria y si te he visto no me acuerdo. Esta medida legal se creó para incitar a las empresas a que continuaran este diagnóstico energético con una implantación de medidas de eficiencia energética. Si este segundo paso no se da, con todas las facilidades que se nos están concediendo para ello, es que no estamos aprendiendo nada.

Y finalmente, hay que recordar que la eficiencia energética en realidad no sólo es un imperativo para combatir el cambio climático, además de una oportunidad para dar un mensaje positivo de sostenibilidad y compromiso a los consumidores. Es que es, de por sí, inmensamente beneficioso económicamente para las economías de una empresa. Un proyecto de ahorro energético puede hacer disminuir hasta un 30% en la factura energética de una empresa. Y si el Gobierno deja de poner trabas al autoconsumo, este porcentaje puede subir a más de un 50%. En industrias de grandes consumos energéticos, como la industria del plástico, las farmacéuticas y químicas o la alimentaria, es absurdo no ver la oportunidad.

Así que, no. El Cambio Climático no debe dejar nunca de estar ni en las agendas de las empresas, ni en nuestro discurso como gestores energéticos. A pesar de nuestro pragmatismo.  O más bien, precisamente, porque nuestro pragmatismo y nuestra cordura nos demuestran que, ser sostenible es, en primer lugar necesario, sí.  Pero también extraordinariamente rentable.

 

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