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Historia de la Eficiencia Energética

| 21st Junio 2017 |

Historia de la gestión energética

 
En realidad la historia de la eficiencia energética se remonta al comienzo del desarrollo industrial. Los motores de vapor de Boulton y Watts consiguieron ser más competitivos porque consumían menos combustible. Durante la II Guerra Mundial la eficiencia del consumo de combustible se convirtió en algo esencial para hacer frente a las carencias energéticas de la época. 
 
La historia de la eficiencia energética es, en el fondo, un recorrido cronológico  sobre la toma de consciencia de la necesidad de la gestión energética como especialidad y de sus inmensos beneficios económicos y ambientales. En el futuro se considerará una fuente de energía más, y las empresas que no cuenten con ella perderán una ventaja enorme para con su competencia. 
 
 

Entre 1973 y 1981

 
La crisis del petróleo es la época de inauguración de la eficiencia energética como una disciplina separada. Su inicio se caracteriza por una mentalidad del "ahorra" como respuesta a esta crisis y a las subidas en el precio de la energía conjugados con carencias en el suministro de ésta. Comienza a haber una consciencia del posible agotamiento de los recursos naturales.  
 
En esta época a la eficiencia energética se la suele llamar "conservación de la energía". Falta estandarización en el tratamiento y en las técnicas utilizadas y casi todos los esfuerzos se ponen en exhortar a los trabajadores a que apaguen la luz a través de pegatinas y posters colocados cerca de los interruptores, medidas que, evidentemente, tuvieron un éxito limitado. Las personas designadas para encargarse del ahorro energético se conocían como "Gestores Energéticos", y eran habitualmente ingenieros que realizaban este trabajo como un empleo adicional. 
 
Apenas existía alguna forma de monitorización. Casi todos los sistemas eran manuales y tenían en cuenta pocos factores y variables. 
 
Los gestores energéticos empezaron a invertir en tecnologías para el ahorro energético, pero con poca visión por la inversión a largo plazo. Las tecnologías que se crearon, como las bombas de calor industriales, se adoptaban antes de que estuvieran totalmente desarrolladas, lo que llevó a varios fracasos. 

 

Entre 1981-1993

 
En este período empieza el desarrollo de la gestión energética como una disciplina reconocida y separada, y los gestores energéticos se empiezan a dedicar a ella a tiempo completo. La definición "Gestión Energética" empieza a sustituir a la de "Conservación de la Energía". 
 
El desarrollo de los ordenadores personales y el PC impulsaron el uso de la monitorización, usándose los resultados de estos vinculados con el análisis de la factura. 
 
El sistema de auditorías y la creación de un mercado de consultoría energética emergió y los proyectos  llave en mano  basados en estos se empezaron a llevar a cabo. 
 
El primer Contrato de Gestión Energética fue introducido, aunque tuvo diferentes nombres, como "financiamiento de una tercera parte", "contrato de rendimiento", "contrato de servicio energético". 

 

Entre 1993-2000

 
La gestión energética como disciplina entra en un periodo de decaimiento a causa de dos factores. La privatización de los servicios públicos hace menguar los precios de la energía en términos reales y los esfuerzos se concentraron en la compra de energía, que parecía a priori más efectiva para conseguir ahorro que otras medidas industriales. 
 
En esta misma época, el problema del Medio Ambiente comienza  a ponerse sobre el tapete, y las empresas que incorporaron gestión energética a sus instalaciones lo hicieron sobre todo por razones morales y sostenibles, aunque éstas tuvieron más bien poco impacto. 

 

Entre 2000-2010

 
El Cambio Climático comienza a ser recurrente en la agenda política. El precio de la energía vuelve a subir y muchas empresas se comprometen a reducir el consumo energético, con sanciones si no lo consiguen. 
 
Se empieza a crear un movimiento en contra de las emisiones de carbono y los gobiernos empiezan a usar tarifas reguladas para las fuentes de energía renovable.  
 
En 2008, antes de la crisis financiera, el precio del petróleo llega a un record de 147 dólares por barril. 
 

Entre  2010-2020

 
Es la época en que empieza toda una era de interés por la eficiencia energética de una manera global. Se le da el reconocimiento que merece, como actor principal para lograr los objetivos climáticos, y como una oportunidad económica para empresas y gobiernos. 
 
Se empiezan también a tener en cuenta los grandes beneficios de la eficiencia energética: mejora de la salud de la población y los empleados, incremento de las ventas y creación de empleo. Pero estos beneficios están empezando todavía a ser estimados en su verdadera valía y los profesionales del sector están de acuerdo en que es necesaria una toma de conciencia por parte de las empresas de la oportunidad que representa la eficiencia energética, y no sólo por los grandes ahorros y la competitividad que ésta proporciona.
 
El interés en financiar eficiencia energética ha crecido, sobre todo en el sector privado. Este mercado todavía está naciendo en la mayoría de las países, pero las respuestas son muy positivas. Hay compromiso creciente por parte de los inversores internacionales y se están creando todas las bases financieras y una infraestructura de estandarización para que la inversión tenga cabida y esté regulada. 
 
 

Para 2020-2030

 
En el futuro próximo la eficiencia energética pasará a un primer plano y será un valor al que recurrirán tanto las empresas como los gobiernos, por su valor financiero pero también estratégico. 
 
Se tenderá a la estandarización en el desarrollo del proyecto, la documentación, los contratos, mediciones y comprobaciones, y se ampliarán  las capacidades y competencias de los expertos en gestión energética. 
 
Habrá una tendencia hacia la productividad energética para obtener valor económico por cada unidad de energía, más que ahorro energético en sí. Será probablemente un periodo de abundancia energética global, con convivencia entre el petróleo, el gas, energías renovables y la eficiencia (una perspectiva muy lejana de las previsiones apocalípticas de escasez energética que se hicieron en los setenta). A pesar de esta abundancia, la eficiencia tendrá que ser fundamental para la optimización de costes, distribución e impacto medioambiental. 
 
El resumen, la transición energética será una realidad y la eficiencia energética será sin lugar a dudas uno de los principales actores del futuro de la energía. 

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